Las promesas también se quedan… aunque ya no se cumplan
- Laly Fdz
- 6 abr
- 1 Min. de lectura

Pensé que ya había aprendido a seguir.
Que todo lo que dolía se estaba acomodando,
que lo que fui soltando ya no pesaba igual,
que por fin estaba dejando atrás lo que ya no iba a volver.
Pero hay días…
en los que todo regresa.
No de golpe,
no como antes,
sino de una forma más silenciosa.
Más profunda.
Hoy no duele como herida abierta…
duele como ausencia.
Como darte cuenta de que hubo algo
que ya no está…
y probablemente no vuelva a estar.
Y aunque lo entiendo,
hay una parte de mí
que todavía lo extraña como si fuera ayer.
Extraño lo que éramos.
Lo que sentía.
La versión de mí que existía contigo.
No porque quiera estar exactamente igual,
sino porque hay algo en esos recuerdos
que todavía se siente como hogar.
Y es extraño…
porque puedo seguir,
puedo crecer,
puedo incluso estar bien…
y aun así,
mirar atrás con una tristeza suave
que no termina de irse.
Tal vez avanzar no es olvidar.
Tal vez es aprender a vivir
con lo que ya no está.
Con lo que fue importante,
con lo que marcó,
con lo que dejó un espacio que nadie más ocupa igual.
Y aunque el tiempo siga,
aunque todo cambie…
hay cosas que no vuelven.
Y eso…
también hay que aprender a aceptarlo.
A veces no es recaer… es recordar lo que aún significa algo.



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